8 08UTC Abril 08UTC 2007

Aventuras y desventuras en Londres

El mismo día que yo volvía de Praga había quedado en Gatwick con Rafa, que venía para pasar una semana aquí.

Fueron unos días raros, anduvimos menos por Londres de lo que yo había pensado y bebimos más ron y estuvimos en el piso más de lo que yo creía que haríamos. Estuvo guay, lo pasamos bien, nos reímos, nos pusimos muy ciegos, demasiado, deambulamos por ahí sin encontrar el club en el que habíamos quedado con una chica que habíamos conocido por Internet, nos hicimos un vídeo en el Tower Bridge al que Rafa le ha puesto la canción London Calling, discutimos con Mark y otro chaval sobre qué futbolistas son más feos, si los españoles o los ingleses, y para mí fue una semana de puta madre y me encantó que Rafa viniera, aunque me temo que pude haber sido mejor anfitrión y que pude haber hecho que Rafa aprovechara mejor Londres, pero bueno.

Pocos días después de que Rafa se fuera y de que yo volviera a trabajar, vino Laurence. Fue extraño porque no nos veíamos desde junio y en París en realidad no habíamos llegado a conocernos tanto; además yo trabajé todos los días menos el primero y sólo nos veíamos por la noche. Pero fue bonito y ambos nos quedamos con ganas de más y Laurence me dijo que volvería a Londres para estar conmigo el día de mi cumpleaños.

Tiempo después vinieron Borja y Nieves, y pude estar todo el tiempo con ellos porque mi compañera Vanessa, que ahora ya está en España, trabajó el sábado por mí porque me debía un día después de que la semana anterior yo hubiera ido a trabajar el domingo por ella directo desde el after en el que a las 10 de la mañana aún estábamos de fiesta. Dios, aquella noche fue increíblemente surrealista y lo menos que me pasó fue que me propusieron hacer un trío (que habría sido dos chicos-una chica, ag) y que un gay prácticamente se me tiró encima un momento que estaba sentado en un sofá. Después de todo lo cual me fui a casa, me tomé un café y me fui a trabajar.

Con Borja y Nieves también muy bien, en plan viaje más cultural, con visitas al British Museum y al Imperial War Museum, y recordando todos los buenos momentos pasados en Valencia y cómo Nieves siempre intentaba que entráramos a clase y cómo normalmente Borja y yo acabábamos en el Gascó o en el Dalaii tomando café y croissants o coca-cola y bravas.

Después vinieron mi hermana y mis padres, a los que echaba mucho en falta, y pude por fin pasar unos días con ellos.

Y poco después, la semana pasada, coincidiendo con mi cumpleaños, volvió Laurence, en un viaje más extraño que el anterior, en el que no pudimos hacer casi nada de lo que yo había planeado porque ella se pasó la mitad del tiempo con otra amiga suya que trabajaba con nosotros en París y que ahora también vive aquí. Aun así, también hubo momentos bonitos y una despedida muy triste que probablemente sea para siempre.

Y aunque parezca mentira, aún continúa la “historia” entre Anastasia y yo. Y sigo pensando, a pesar de que hace poco todo parecía indicar lo contrario, que al final no va a pasar nada.

Y no sé qué hacer en los próximos meses, pero en Zara no quiero seguir mucho más, y tampoco quiero trabajar en algo parecido aquí en Londres cuando lo deje, y como encontrar un trabajo mínimamente relacionado con el periodismo aquí va a ser imposible para mí, en cuanto deje de trabajar en Zara tendré que irme de Londres porque me quedaré sin dinero. Pero llegado el caso, y aunque tengo varias ideas que la mayoría no os creeríais, no sé qué hacer ni dónde ir.

Y visto lo que me cuesta escribir un post (he tardado casi un mes en escribir el anterior y además estaba contando cosas ocurridas más de un mes antes), es probable que no vuelva a escribir aquí. No es que cierre el blog, pero voy a dejar de ver como una “obligación” el ir contando aquí lo que me va pasando, por lo que no creo que vuelva a escribir en él. Si cuento algo “importante”, como que he decidido que me voy de aquí o que me han contratado en la BBC o que me he vuelto a encontrar con Gael García Bernal, os avisaré por mail de que hay un post nuevo. Y me gustaría y yo voy a intentar mantener el contacto por email, aunque nos escribamos muy de vez en cuando. Y por supuesto seguís todos invitados a venir o a repetir los que ya habéis venido. Pero avisadme con la máxima antelación posible de vuestras intenciones, por el doble motivo de que intente librar si aún trabajo en Zara o de que puede que para cuando queráis venir yo ya no esté aquí.

Gracias a todos por leer estas aventuras y por comentarlas.

13 13UTC Marzo 13UTC 2007

Aventuras y desventuras de Carlos y Chemi en Praga

« Qué lejos parece ya, aunque en realidad tan sólo hace tres semanas que embarcaba en Gatwick rumbo al corazón de Europa, rumbo a Praga »

Así empezaba -y acababa- el borrador que empecé a escribir hace unas semanas sobre el viaje a Praga, del que ahora ya hace prácticamente mes y medio.

Llegué al aeropuerto con mucha antelación, no como en mis anteriores viajes, en los que he estado a punto de perder el avión más de una vez (nunca olvidaré la carrera por la terminal del Charles de Gaulle junto con una azafata mientras mi maleta, abierta y con más de 10 kilos de sobrepeso, se dirigía por otro camino al mismo avión que yo, un avión que finalmente despegaría hacia Londres con retraso precisamente porque yo subí tarde a él…). Pero ya me empiezo a enrollar, as usual, y si quiero poner esto al día eso es algo que tengo que evitar, por mucho que me cueste: vaya “periodista” que estoy hecho si no puedo escribir con brevedad y concesión.

Aquel día en Gatwick, mientras esperaba para embarcar rumbo a Praga y me tomaba un café y un muffin, le escribí un mensaje a Laurence, de la que no sabía nada desde octubre, cuando los rencorosos de Vodafone me cortaron la línea porque les debía dos meses de pagos. En aquel momento no sabía todo lo que aquel inocente sms acabaría provocando…

Pero luego despegué hacia Praga, donde me esperaban un frío aun más intenso que el de Londres y Carlos del Romero dispuesto a pasar una semana de aventuras conmigo.

Ya no es momento de contar con detalle aquellos días, y menos aun cuando muchos de los que leéis este blog habréis sabido ya de nuestras correrías a través de las exageradas palabras de Carlos o por medio de las mías, más cercanas a la realidad. Por lo que daré tan sólo una imagen general de aquellos días.

Después de tomarnos una cerveza aquella primera noche en un bar pijo del centro, los demás días de entre semana seguían un esquema similar: nos levantábamos sobre las 9, desayunábamos rápida y brevemente en su piso o ya en el metro, y nos dirigíamos hacia Muzeum, una de las paradas más centricas, coronada precisamente por el Museo Nacional, desde el que desciende hacia la Ciudad Vieja la Plaza de Wenceslao, la calle más comercial de Praga. Allí Carlos partía hacia su trabajo en la muy cercana Radio Praga y yo me dirigía a pie o en metro a cualquier sitio de la ciudad. Y allí volvíamos a vernos sobre las tres y media de la tarde, cuando Carlos salía de trabajar y ambos estábamos ya desesperadamente hambrientos.

Yo tenía cada día hasta esa hora para perderme solo por Praga, por cualquiera de sus magníficos rincones, llenos de encanto, de historia, de belleza.

Recorrí hasta la última piedra de la Ciudad Vieja, hasta la última de sus calles de cuento, que siempre me llevaban hasta la Plaza de la Ciudad Vieja, donde se encuentran las iglesias de San Nicolás y la de Nuestra Señora, que impresionante y magnífica sobresale desde detrás de los edificios que la ocultan; el monumento a Jan Hus, quien aún hoy se gira hacia la iglesia de Nuestra Señora; y el Ayuntamiento de la Ciudad Vieja, medio destruido por los nazis en 1945 y aún sin rehabilitar y en cuya torre medieval se incrusta un famoso reloj astronómico, frente al cual se reúnen multitud de turistas y curiosos cada hora en punto para ser saludados por unos graciosos apóstoles animados que entonces se asoman por pequeñas ventanas, al mismo tiempo que un esqueleto toca las campanadas y se ríe -según algunos- de los humanos que hay sus pies observando la escena, y a quienes en ese preciso momento les queda ya una hora menos de vida.

Crucé una y otra vez el Moldava a través del Puente de Carlos, hecho de piedra inmemorial y bordeado de viejas estatuas y esculturas, una de las cuales -según la tradición- hace que que quien la toque vuelva antes o después a Praga (yo la toqué en mi primer viaje el verano pasado, y de hecho he vuelto a Praga meses después; en este viaje decidí no tocarla para que si vuelvo allí sea por propia voluntad y no por los designios de una estatua).

Me perdí por las señoriales calles de Josefov, el antiguo gueto judío, cuyos habitantes fueron expulsados y sus edificios derruidos para ser reconstruido de un modo moderno y burgués con la vista puesta en París. Aún está allí, sin embargo, el antiguo cementerio judío, que recuerda con su inquietante presencia lo ocurrido.

Crucé las intrincadas calles de Malá Strana (“barrio menor” o “ciudad menor”) y ascendí hasta el Castillo de Praga por Nerudova, su calle principal y de cuyo antiguo habitante Jan Neruda tomó el nombre el poeta Pablo Neruda. El Castillo, un enorme recinto que preside Praga desde lo alto y lo hace visible desde casi cualquier punto de la ciudad, contiene numerosos edificios históricos, entre los que destaca la catedral de San Vito, la construcción más elevada del lugar, y es hoy la sede del gobierno checo. A sus puertas tiene lugar cada hora el cambio de guardia, que yo tuve ocasión de contemplar dos veces, y cuya música me recordó sospechosamente a ese gran juego que es el Legend of Zelda.

[Continúa_]

Y, en fin, subí a aquella colina en la que se alza una pequeña réplica de la Torre Eiffel y desde la que la vista es realmente impresionante; viajé en metro, viajé en tranvía, anduve y anduve por cada calle del centro de Praga, de la Praga histórica, a cuyo alrededor la otra Praga, más gris, más aburrida, más fea, más real en un cierto sentido, sigue poco a poco extendiéndose.

No llevaba cámara de fotos, pero no importa, Praga me atrae tanto, me fascina tanto, me resulta tan profundamente hermosa, que tengo cada imagen grabada a fuego y difícilmente podré olvidar cada escena que vi, respiré, viví allí.

Por las tardes Carlos y yo solíamos hacer algo en plan tranquilo: tomar un café, pasear aún más hablando de Praga, de los viejos tiempos, de los nuevos tiempos. Acabábamos yendo siempre a su piso a cenar (ya nos clavaban suficientemente cuando comíamos por ahí al mediodía: los precios del centro de Praga son tan altos que la inmensa mayoría de los “checos de a pie” no pueden permitírselos), y así pude conocer a sus entrañables compañeros: los inefables Vince, el francés con cara y pelo de mosquetero y al que Carlos detesta sinceramente, y Felix, el alemán majete y fumao que tampoco gusta mucho a Carlos debido a su habitual pasotismo a la hora de limpiar y demás; ambos retraídos y poco dados a salir de la habitación que comparten y donde se pasan las horas muertas en Second Life (gran forma de pasar su año erasmus, claro que sí). Daniel el noruego-argentino (de forma de ser más noruego, de aspecto más argentino), algo más sociable y más responsable con las tareas domésticas pero que también va a su bola; y Dave, típico chaval inglés y compañero de habitación de Carlos, el más majo y “normal” de todos y que acabará teniendo un divertido protagonismo en esta historia, relacionado con el alcohol, los rotuladores y los culos.

Allí solíamos cenar tranquilamente y después, según la noche, salíamos a tomar algo de tranqui o salíamos de fiesta, aunque una noche nos quedamos allí bebiendo aquella mezcla mortal de alcoholes (aunque no tan mortal como el mundialmente famoso y temido Chupito Melenas, ja) que tanto le gusta a Carlos y buscando en YouTube vídeos de la época: McGyver, El Equipo A, El Coche Fantástico, El Gran Héroe Americano… Dragones y Mazmorras, Los Osos Gummie, Alvin y las Ardillas, Oliver y Benji, Bola de Drac, Los Guardianes de la Galaxia… ay…

El domingo que pasé allí fuimos a Český Krumlov, el pueblo de Denisa, su novia, en un viaje en un autobús que tenía más años que Carlos, el chófer y yo juntos y que duró tres horas y media, a pesar de que sólo hay 170 kilómetros desde Praga (algo más que entre Ibi y Valencia), y que hicimos medio dormidos y de resaca porque la noche anterior habíamos salido y habíamos dormido poco y habíamos bebido mucho. Allí conocí a Denisa, que es un verdadero encanto, muy guapa y simpática, y que habla un español casi perfecto con un extraño pero bonito acento. Y con ella dimos un paseo por toda la parte antigua del pueblo, perdón, ciudad (ella se enfadaba si lo llamábamos pueblo, aunque es bastante pequeño y sólo tiene unos 14 mil habitantes), que es realmente preciosa, aún medieval, con unos edificios de película (de hecho la película “El ilusionista” fue rodada en parte allí y Denisa hizo de extra), con un enorme encanto, con un par de osos en el foso del castillo… y Denisa insistiéndonos en que en verano es aún mejor, que hay una fiesta en la que todo y todos se visten como en la Edad Media cuidándolo todo al detalle (sin ni siquiera relojes de pulsera y demás), que hace calor y la gente hace picnics junto al río…

Y regresamos a Praga por la noche, después de pasar por casa de Denisa y ver sorprendidos como su perro, extrañamente gordo, intentaba hablar, en serio, cuando vio a Denisa comenzó a emitir raros sonidos que estaban casi más cerca de palabras humanas que de ladridos perrunos, increíble. Fuimos los cuatro a la estación, Denisa, su perro, Carlos y yo, y de allí tomamos un “tren” que en realidad era un solo vagón y que parecía de juguete hasta una ciudad cercana cuyo nombre no recuerdo, aunque aún tuvimos ocasión de ver a uno de los tipos de la estación salir en calzoncillos y completamente borracho (estaba medio nevando) a despedir al tren mientras todo un grupo de gente más o menos igual de borracha (y que luego serían nuestros divertidos compañeros de viaje) le aplaudía y reía la gracia. Y de aquella otra ciudad tomamos ya un tren a Praga, un tren que era idéntico al Hogwarts Express, que lleva a Harry Potter y a sus amiguitos a su colegio de magia (y que en realidad (¿”en realidad”?) sale desde aquí, desde la estación de King’s Cross en Londres), con compartimentos separados, en uno de los cuales viajamos solos Carlos y yo, cada uno tumbado en uno de los sofás. Dios, ese tren tenía un encanto increíble: nada que ver con los regionales que yo estuve tomando durante seis años entre Valencia y Villena o Alicante o Elche.

Otro día, ya no recuerdo cuál, viva el Alzheimer, fuimos a otra pueblo cuyo nombre tampoco recuerdo, qué mala es la edad. Voy a buscar en Internet a ver… [medio minuto después] ¡Kutná Hora!, eso es, otro día fuimos a Kutná Hora, también en tren, un pueblo más cercano a Praga que Český Krumlov, y que en su momento y gracias a su fuerte industria minera rivalizó en importancia y riqueza con Praga. Sin embargo hoy no es más que un pueblo de la Chequia profunda, con una impresionante catedral, pero un pueblo pequeño, pobre y muy auténtico, por el que Carlos y yo paseamos embobados viendo cómo es la República Checa más allá del esplendor del centro de Praga y de pequeñas ciudades escogidas como Český Krumlov. El momento culmen fue cuando, por insistencia mía, entramos en una especie de bar o antro en el que los parroquianos, el camarero y un perro enorme que había tumbado allí se callaron y se nos quedaron mirando en cuanto pusimos un pie allí. El camarero se nos acercó con sus ojos hostiles clavados en nosotros y yo le dije como un buen gentleman, Excuse me… do you speak English?, a lo que el buen hombre, sin despegar los labios, respondió con un enérgico movimiento de cabeza dándonos la espalda y volviendo a la barra; tras lo que Carlos y yo salimos lentamente de allí mientras aún todos los parroquianos, el camarero y el perro seguían callados mirándonos…

Y además de todo esto, como sabéis, hubo dos noches que salimos de fiesta. Ehm… creo, por lo que acabo de recordar, que en realidad a Český Krumlov fuimos el sábado y a Kutná Hora el domingo, y que la primera noche que salimos fue el viernes (¿fue así, Carlos?). Anyway.

El viernes, creo, Dave celebraba su cumpleaños, y había invitado a gente a beber en el piso, por lo que Carlos y yo nos agenciamos una botella de algo que parecía ron (su amigo Federico luego nos dijo que era ron de patata, aunque en la botella no ponía nada al respecto; el caso es que sabía a ron pero más dulce, y entraba y ponía ciego que no veas), para mí, y otra de licor de manzana o algo así, para él. Mientras nosotros nos hacíamos la cena (un cubo de ensalada con pollo, queso y demás) ya empezó a llegar gente, que inmediatamente empezaba a beber mientras nos miraba primero cocinar y luego comer, y entre ellos la tal Kaisy o Katy o como se llamara, y que también acabaría adquiriendo un funesto protagonismo a lo largo de la velada. Tras acabar la ensalada, que finalmente compartimos con Daniel, Carlos y yo empezamos a beber a un buen ritmo, para no quedarnos atrás de los demás. Aún estábamos, creo, en la primera copa, cuando ante la vista de Jamie (el amigo inglés gordo de Dave) y de un rotulador que había en la mesa, Carlos empezó a recordar de nuevo aquel ciego que se habían pillado ellos tres, Jamie, Dave y él, en el que Jamie acabó perdiendo el sentido y cuando despertó tenía la cara pintada con pollas y demás… Y después de recordar tal graciosa situación y al cabo de unos meditativos momentos, Carlos me dijo completamente emocionado, ¡Eh!, ¡podríamos pintarnos caras en los culos!; y yo, ¡¿Qué?!; y él, ¡Que sí!, ¡y la raja sería la boca!; y yo, Carlos, ni de coña; y él, ¡Va, que sí!; y de momento ahí quedó la cosa y seguimos bebiendo y hablando de otras cosas y emborrachándonos y sufriendo el acoso de Kaisy o Kaity o como se llamara, una chica estadounidense que decía haber nacido en Colombia, ser nieta de Fernando Botero, el pintor y escultor, y llamarse Luz Aida Botero. Casi nada con la colega.

El caso es que ahí estábamos, el piso cada vez más lleno de gente, de gente de todas las formas y colores, Carlos insistiendo aún en lo de los culos y yo que ya no veía la idea tan mal, cada vez todos más borrachos y armando más escándalo, cuando un vecino, que parecía algo enfadado y que obviamente aún no se había acostumbrado a los nuevos tiempos liberales de la época postcomunista en los que los jóvenes tenemos todo el derecho del mundo a molestar cuanto y como queramos a los viejos, aporreó la puerta y amenazó con llamar a la policía si no acabábamos inmediatamente con la fiesta. Entonces Daniel se subió a una silla o sillón o mesa y dijo que todo el mundo fuera, que nos íbamos ya a la discoteca. Pero como a mí me apetecía seguir bebiendo, as usual, convencí a Carlos (y también se lo dije a la botera en un momento de debilidad) para que nos hiciéramos los tontos mientras todos se iban y nos quedáramos allí un rato más bebiendo. Y así ocurrió, la gente se fue yendo poco a poco y al final sólo quedábamos allí Carlos, yo y la cada vez más atractiva idea de acabar realmente pintándonos caras en los culos el uno al otro…

[Continúa_]

Hay que decir que a estas alturas de hecho ya estábamos en gran parte pintados. Todo había empezado con “tatuajes” y macarras inscripciones en los brazos y con una especie de cara en mi barriga, de la cual el ombligo era la boca y a la que habíamos llamado, no sé por qué, Steve. Además Carlos lucía perilla y bigote de algo que yo había intentado que pareciera un mosquetero y él también me había pintado perilla y bigote a mí, creo. Y por si fuera poco Carlos también tenía pintado un ojo en la frente, al estilo Ten Shin Han (o como se escriba). Mientras yo se lo pintaba él me repetía y repetía que por favor no le pintara una polla en la frente, y yo, Que no, que te estoy pintando un ojo; y al final él ya dijo, Bueno, sé que es una polla, pero ya me da igual. Pero no, era un ojo.

Y así estábamos cuando los demás se habían ido y sólo quedábamos él y yo, ya dispuestos a todo, cuando volvió Dave al piso, algo molesto, y nos dijo que qué hacíamos, que fuera estaban todos esperándonos muertos de frío. Entonces yo le dije, sin más y como si fuera la cosa más normal del mundo, Nos hemos quedado porque vamos a pintarnos caras en los culos; y Dave dijo también como si fuera la explicación más razonable que hubiéramos podido darle, Ah, entonces vale, no pasa nada. Y Carlos saltó pletórico, ¿¿Quieres que también te lo pintemos a ti?? A lo que Dave contestó con un elocuente gesto: se bajó los pantalones sin decir nada. Y Carlos le dijo, No, pero túmbate, además la raja va a ser la boca. Pero entonces tuvimos que decidir quién le pintaba el culo a quién. Lo justo habría sido que cada uno hubiéramos pintado a otro, pero yo no quería pintar a Dave ni que él me pintara porque decía que no tenía confianza con él, así que finalmente Carlos nos lo pintó a Dave y a mí y yo se lo pinté a Carlos. La imagen es curiosa: dos españoles y un inglés borrachos en un piso de Praga pintándose caras en los culos, con la raja como la boca, mientras un grupo de gente de diferentes nacionalidades les espera congelado en la calle.

Y ya con nuestros culos pintados y una foto como prueba (después de varios intentos) nos fuimos a la discoteca, en la que causamos sensación con nuestras caras pintadas (los miembros del staff nos pidieron que les dejáramos que nos hicieran una foto), porque al final también le habíamos pintado a Dave un montón de cosas en su cara, incluyendo la edad que cumplía ese día (23 años, creo), una polla (esta vez sí) y un supuesto escudo del Blackburn Rovers, el equipo de fútbol inglés del que es aficionado.

Una vez dentro Jamie se dirigió a mí enfadado y me preguntó que por qué habíamos tardado tanto, que nos habían estado esperando en la calle muertos de frío hasta que se habían cansado y se habían ido a la discoteca. Y yo, de nuevo, y como si todo aquello fuera lo más normal del mundo, Es que estábamos pintándonos caras en los culos y haciéndonos fotos. Y para mi sorpresa él, aun más enfadado, dijo, ¿¡Qué!?, ¿¿os estabais pintando caras en los culos sin mí??, joder, podríais habérmelo dicho (y todo en inglés, claro). Y yo, Em, bueno, lo siento… pero no te preocupes, que cuando volvamos al piso te pintaremos también a ti una cara en el culo; y entonces a él se le pasó automáticamente el enfado y con una amplia sonrisa me contestó que de acuerdo. Más tarde se volvió a acercar a mí y me dijo, Que no se te olvide que luego me tenéis que pintar una cara en el culo eh; y yo, Que sí, no te preocupes. Total, que al final nos fuimos Carlos y yo solos y no le pintamos ninguna cara en su culo, algo que le dolió y que aún no ha olvidado por lo que Carlos me ha ido contando por email tras sus sucesivos encuentros con Jamie.

Y ésa es la famosa historia de las caras en los culos.

En fin, de película.

La otra noche que salimos de fiesta habíamos quedado para hacer botellón en la residencia en la que vivía el amigo italiano de Carlos, Federico. Para allá que nos fuimos cargados con nuevas provisiones del supuesto ron de patata y un extraño licor que acabaría dejando la lengua y los labios verdeazulados a Carlos. Allí los italianos estaban haciendo una especie de minipizzas caseras que estaban muy buenas, pero como Carlos y yo ya habíamos cenado nos dedicamos principalmente a beber y de nuevo acabamos alcanzando un notable nivel de ebriedad. Y allí fue donde conocimos a Pavla, una checa que había estado de erasmus en Sevilla y que hablaba un casi perfecto castellano con un marcadísimo acento andaluz que lo hacía muy gracioso para Carlos y para mí. Y de la residencia nos acabamos yendo a otra discoteca de la cual volvimos a casa prácticamente de día, como mandan los cánones.

Esto y mucho más ocurrió durante aquel intenso viaje, como mi visita a Radio Praga, un edificio comunista en el que el ascensor de madera no tiene puerta y está en continuo movimiento y hay que saltar, literalmente, dentro cuando pasa por tu piso y saltar hacia fuera cuando llega al piso al que te diriges. Y allí conocí a Fredy, el jefe de Carlos, un simpático costarricense (¿era costarricense?, ya no me acuerdo), que me ofreció medio en broma medio en serio ir yo a trabajar allí cuando Carlos se fuera.

Y, en fin, todo esto y tantas otras cosas que hicieron que acabara siendo un viaje perfecto.

26 26UTC Enero 26UTC 2007

Oh my God

Hola mis pequeños, aquí estoy de nuevo, torturándoos aún desde Londres. Llevo “tanto” tiempo sin escribir porque durante las últimas semanas estoy trabajando aun más horas de las que me corresponden (40 semanales) y los pocos días que tengo libres los suelo pasar de resaca deseando morir y prometiéndome a mí mismo no volver a beber alcohol. Ja.

Por otro lado, tampoco ha pasado gran cosa, la verdad, así que no os habéis perdido nada. Pero aun así, aquí me tenéis, perpetrando un nuevo post:

El invierno ha vuelto a llegar a Londres (es la tercera vez que llega desde que yo estoy aquí), pero esta vez en plan más serio: el martes por la noche nevó y el miércoles por la noche Londres amaneció bajo un hermoso manto blanco que, no obstante, pronto desapareció arrastrado por la lluvia, los coches y -cómo no- las ardillas. Y los zorros, que la otra noche que nos quedamos un rato en The Old Explorer (el pub oficial de Zara Oxford Circus), varios de mis compañeros contaron que no sólo han visto ardillas por los innumerables parques y jardines de Londres, sino también muchos zorros, y no sólo en los parques sino que algunos los han llegado a ver en los propios jardines de su casa. Casi nada. Aunque tampoco es que sean zorros monstruosos y asesinos, sino que son pequeños y asustadizos zorritos (y zorritas, supongo) que huyen ante la mínima señal de presencia humana.

El hecho es que los que estamos buscando piso de entre mis amigos de Zara hemos decidido que si finalmente algún día lo encontramos, adoptaremos un par de zorros y tres o cuatro ardillas.

Bueno, en realidad no lo hemos decidido: fui yo el que lo planteé y los demás se rieron como si yo estuviera hablando en broma y no en serio.

Por otro lado, tampoco creo de todos modos que fuera muy buena idea meter a zorros y ardillas juntos en una casa.

Aun así, la búsqueda de piso está un poco en punto muerto, y es que entre que hay gente que no ha movido un dedo para buscar pisos (yo) y que los que sí están buscando no se ponen de acuerdo y el tiempo sigue pasando (los demás), la cosa está chunga. Porque no sólo hay que encontrar un piso que nos guste a todos, bien conectado con el centro para ir a trabajar y bla bla bla, sino que cada uno tenemos que encontrar además a otra persona que vaya a vivir en nuestros respectivos pisos actuales. Y el problema es que no nos podemos poner a buscar a alguien que vaya a ocupar nuestro sitio hasta no tener nosotros otro piso asegurado (porque incluso nos podríamos quedar en la calle), y aquí la gente no suele alquilarte un piso de hoy para el mes que viene porque cada día con el piso vacío significan muchas libras de menos para el landlord (casero) o la landlady (casera), así que la cosa está complicada y yo me veo con Jeanne (bien), Kate (buf) y Mark (ag) durante aún unos cuantos meses.

Por cierto, noticias sobre Mark, que lleva ya varias semanas seguidas aquí. El departamento francés de información (Jeanne) ha podido saber que le echaron de su último trabajo por dar positivo de cocaína en un test antidroga en el propio trabajo. Así que supongo que precisamente por eso está aquí acoplado desde Navidad. ¿Y qué hace durante su estancia en mi casa?, ¿limpia?, ¿recoge las numerosas latas de cerveza vacías que va dejando por todas partes?, ¿baja las bolsas de basura en las que él es el máximo contribuidor?, ¿ayuda a Kate a cocinar o a fregar o a que ella lave su propia ropa? ¿Adivináis las respuestas?: no. Está siempre, y siempre quiere decir siempre, tumbado en el sofá viendo la tele, mientras Kate le cocina y friega los cacharros (días después, cuando ya no queda absolutamente nada limpio) y pone lavadoras llenas de sus enormes calzoncillos. Y él tumbado en el sofá viendo la tele. Encantador, el sueño de toda chica australiana con no muchas luces.

Problema, que la televisión que teníamos en el salón era vieja y pequeña, y él lo único que hace en este piso (a parte de los 4 ó si acaso 5 minutos diarios de sexo) es ver la tele tumbado en el sofá. Solución: Mark ha comprado (o robado) una televisión plana (no muy grande, pero plana) y un reproductor de DVD. ¿Cómo ha podido permitírselo si está sin trabajo? Bueno, quizá esnifar no es lo único que hace con la cocaína, ja.

Pero una cosa. Cierto que es una persona absolutamente detestable en todos los sentidos, pero comparémosle, por ejemplo, conmigo. El vive de gorra en un piso en Londres. Yo pago unas 435 libras al mes en total (más de 650 euros) de alquiler y facturas y demás para vivir en el mismo sitio. El no trabaja. Yo trabajo cerca de 50 horas a la semana en un trabajo de mierda. A pesar de lo cual él tiene dinero para comprar una televisión plana y un DVD. Y a pesar de lo cual a mí apenas me llega para vivir cada mes (antes de cobrar hoy, me quedaban 5 libras en mi cuenta; y gracias que hemos cobrado hoy porque el 28 -el día oficial de cobro- era domingo, menos mal). A él le cocinan, le friegan los cacharros, le lavan la ropa, le recogen la basura… Yo me lo tengo que hacer todo yo mismo. El practica sexo con regularidad (aunque sean sólo 5 minutitos). A mí creo que me ha vuelto a crecer la virginidad.

Conclusión: él será una persona asquerosa y lo que sea y yo me podré meter con él todo lo que quiera, pero me temo que él es mucho mucho mucho más listo que yo.

En fin, así nos va a los buenos.

Aunque quién sabe, todo puede cambiar en cualquier momento. Quizá ahora mismo un jefazo de la BBC me esté escribiendo un email para ofrecerme trabajo… Quizá encuentre un piso de puta madre con mis amigos… Quizá mi historia con Anastasia (sí, aún seguimos ahí) tenga final feliz…

Sí claro, y el mundo es un lugar justo y bonito lleno de piruletas y de casas de chocolate, ja ja ja.

Ay…

Pero no pasa nada, porque mañana es mi último día de trabajo antes de tener 16 días de vacaciones (en realidad 15 más un día off), diosssss, qué ganas, no me lo creo, más de dos semanas sin pisar Zara (aunque supongo que cuando venga Rafa iremos para que vea dónde trabajo y para que vea a mis compañeras, mmmm). Pero eso sí, me estoy despidiendo a lo grande. Ayer trabajé de 1 del mediodía a 1 de la madrugada. Y el lunes trabajé de 8 de la mañana a 9 de la noche. No, pero no os creáis, que ambos días tuve una hora para comer. Y mañana entro a las 10 y ya veremos cuándo salimos, probablemente sobre las 10 de la noche. Ay Dios. Pero bueno, al menos reconocen mi esfuerzo. Además de que ya ha habido varias veces que me he quedado yo de manager en funciones de todo menswear (sí, mis jefes son así de insensatos) y de que para febrero a Elena y a mí nos doblan la comisión (mmmmm), hoy me ha propuesto la area manager de ir yo como jefe días sueltos a otros Zaras a cubrir las ausencias de sus managers. Y yo he dicho que sí, claro, ja ja ja, madre mía la que puedo liar yo como jefe en un Zara en Londres…

¿Y sabíais que Zara es la cuarta marca más influyente de Europa (último párrafo)?

Y sí, el martes despego hacia Praga, el corazón de Europa, la ciudad de las mil torres (¿o eran cien?), la París del este, cuna de Franz Kafka, de Milan Kundera y del Sparta de Praga; donde me espera Carlos para recorrer juntos y borrachos y encafeinados sus calles y plazas y rincones ocultos bajo el frío y la nieve que ahora mismo azotan Centroeuropa.

Y el martes siguiente hemos quedado Rafa y yo en Gatwick para pasar otra semana en Londres, una de las capitales del planeta, la octava o novena ciudad más poblada del mundo (por ejemplo), donde más de 13 millones de personas se mueven por sus calles a diario (de los cuales unos 10 millones pasan antes o después por Zara Oxford Circus cada día…), la ciudad de The Who, de los Sex Pistols, de The Clash (London Calling), y también de los Pet Shop Boys, de Oasis, de Placebo, ciudad origen del pop y del punk, donde nacieron James Bond y Sherlock Holmes y Harry Potter, una ciudad que nunca duerme (excepto todas las noches) y por la que nos perderemos -de nuevo- borrachos y encafeínados.

Y el martes siguiente se supone que tengo que volver a Zara… ag.

¿Pensabáis que las patatas Matutano se llamaban aquí también Matutano? Pues no, se llaman Walkers. ¿Creíais que los desodorantes y geles y tal Axe se llamaban aquí Axe? Pues tampoco, se llaman Lynx [cuando escribí este post, la página estaba en mantenimiento, pero creédme, aquí se llaman Lynx]. ¿Y acaso pensabáis que la marca de electrodomésticos Philips se llama aquí también Philips? Pues sí, teníais razón.

Ala, me voy a precalentar el horno, que he encontrado una pizza de oferta en el supermercado y tengo que celebrar que hoy he cobrado.

5 05UTC Enero 05UTC 2007

Máster del universo

Estoy preinscrito en el Máster de la Sociedad de la Información y del Conocimiento de la UOC, incluso hice una propuesta de matrícula y llevaba tiempo pensando en cómo diablos iba a conseguir pagarlo por mis propios medios, pero finalmente he decidido no formalizar la matrícula. Me parece muy interesante y la verdad es que me apetece seguir estudiando, y hoy por hoy la única forma es, evidentemente, a distancia, por Internet. Estuve también mirando la oferta de estudios de posgrado y de segundos ciclos de la Uned, pero al final me decidí por ese máster de la UOC por gusto e interés, porque tiene que ver con mis dos carreras, porque es más o menos corto (sólo tiene 60 créditos, aunque te obligan a un mínimo de dos matrículas, esto es, a un mínimo de dos cursos) y porque es relativamente asequible, algo más de 3000 euros con un descuento por primera matrícula y tal y te ofrecen diferentes posibilidades de pago y financiación. Así que me inscribí y realicé mi propuesta de matrícula, mi tutora no la aceptó porque yo había propuesto una sola matrícula de 60 créditos (ahí fue cuando me enteré de que había que hacerlo mínimo en dos cursos) y ahí quedó la cosa, pendiente de que yo eligiera un máximo de 40 créditos. Pero empecé a darle vueltas y al final no voy a matricularme. Sé que, por mis huevos, si me matriculara me lo acabaría sacando, aunque tuviera que renunciar a uno de mis dos únicos hobbys actuales: comer y dormir. Pero no es eso lo que quiero, quería hacerlo por gusto e interés (no tanto por curriculum, porque ya veis, sería otro estudio sin mucha salida que digamos), no quería aprobarlo sólo por ir cumpliendo, así que nada. Además de que realmente no sé si podría llegar a pagarlo (aunque creo que sí habría podido apretándome aun más el cinturón, haciéndole varios agujeros más de hecho, je). Así que de momento no seré Máster del universo.

Lo que sí sigue en mi mente es la idea de pedir este año (la convocatoria es en septiembre) una beca Fulbright para estudios de doctorado en Estados Unidos. Tienen diferentes convocatorias y yo podría presentarme a dos: la “general”, para la que sólo piden ser titulado superior y un excelente nivel de inglés, y una “periodística” para licenciados en Periodismo con un excelente nivel de inglés. Así que sólo me falta mejorar (mucho) mi nivel de inglés, pero en eso estoy (sí, ya ves, aquí estudiando inglés a saco, ja). La cosa es que se piden prácticamente con un año de antelación, por lo que en todo caso y si me la concedieran (sólo dan 20 de cada, eso sí, te dan un pastón) sería para estudiar allí el curso 2008-2009 (qué lejos parece… pero lo cierto es que ya estamos en 2007… ag, si hace un rato yo estaba haciendo las maletas para irme a París, si ayer era 1998 y yo me iba a Valencia, si anteayer era 1994 y yo iba a entrar al insti… :-s ). Un aspecto “raro” de estas becas es que no puedes elegir universidad de destino: tú dices qué quieres estudiar y ellos te asignan la universidad que crean la mejor. Pero enseguida vi el truco: tienen una completa lista de los anteriores becarios del programa, así que lo único que hay que hacer es ver qué estudiaron los que fueron a la ciudad que te interese y tú proponer un estudio similar. Así que tal vez dentro de año y medio estreno nuevo blog: ¡Aventuras y desventuras de Chemi en Nueva York!

En las contadas ocasiones en que Kate o Mark (su novio) me hablan es lo mismo que si no me hablaran, porque prácticamente nunca les entiendo, a ella debido a su fortísimo acento australiano y a él porque habla con una especie de medio-inglés medio-gruñido también con acento que no me acaba de entrar. Bueno, el caso es que yo pensaba que mi incomprensión se debía a mi propia incompetencia lingüística, pero últimamente que les veo más (el pavo lleva metido en mi piso desde que yo volví de España, se podía ir ya a su puta casa el muy pesado, o pagar el alquiler de aquí, eso no estaría mal) me he dado cuenta de que de hecho entre ellos tampoco se suelen entender: cuando es él quien habla ella dice siempre, Pardon? (no dice ni Sorry?, ni What?, ni Say again?, no, dice Pardon?, será porque es australiana), pero no una vez ni dos veces sino un mínimo de tres, hasta que al final le entiende; y siempre que la que habla es ella él dice, Grour? (ni Sorry?, ni What? ni nada de eso, no, él dice, Grour?, o a veces, Whorr?, pero de ahí no pasa), y ella tiene que repetir varias veces hasta que él le acaba entendiendo (o hasta que él finge que la ha entendido). A partir de esta constatación he llegado a la conclusión de que es precisamente esa mutua incomprensión (joer, todas las palabras riman) la que hace que estén juntos, porque si realmente se entendieran no serían pareja. Bueno, a eso y al hecho de que ella fuera -supongo- virgen antes de hacerlo con él, y por eso no sabe que se está perdiendo todo un mundo de posibilidades sexuales de mayor duración a cinco minutos de reloj.

Ay, en mi caso es al revés y esa incomprensión lingüística es una barrera y no un puente entre mi princesa estonia y yo…

Ja ja ja

¿Creíais que en el Reino Unido el papel del culo Scottex se llama Scottex?, pues no, se llama Andrex. ¿Creíais que aquí la marca de coches Opel se llama Opel?, pues tampoco, se llama Vauxhall. ¿Pensabais acaso que Ikea se llama también aquí Ikea?, pues sí, estabais en lo cierto, Ikea también se llama aquí Ikea.

Una de sociología urbana. Aquí hace mucho frío en invierno, es decir, ahora. Hace más que en Valencia, evidentemente; hace más que en Ibi, ya que suele haber menos grados y además con una humedad altísima que reduce aun más la sensación térmica; e incluso hace, en general, más que en París (aunque ni aquí ni en toda mi vida he pasado tanto frío como aquella semanas de ola de frío en París, cuando incluso llegó a nevar un día que Pablo y yo estábamos en casa de Giulia (la de Bologna) y Gaia…). Vamos, que hace mucho frío. Pues bien, a la mayoría de las chicas inglesas, bueno, a la mayoría de las adolescentes londinenses parece no importarles y cada fin de semana (aunque también muchas veces entre semana) puedo cruzarme con varios grupos de estas hermosas muchachitas con pequeños vestiditos que dejan al descubierto gran parte de sus muslos y de sus pechos, totalmente borrachas, tambaleándose y riéndose mientras parecen no percibir que estamos a -1 grado y que llovizna y que un viento gélido azota sus cuerpos sin piedad. No, a ellas les da igual y son felices mostrando sus carnes. Lástima que en muchos (demasiados) casos se trate de la típica chica inglesa de cara porcina y cuerpo blanco y fofo. Pero, ay, de vez en cuando también se ven verdaderos bombones caminando por las heladas calles de Londres mostrando casi todo su chocolate y dando a entender que están rellenas de alcohol (ja ja ja, qué gracia tengo eh).

Ahora mismo escuchando: Protège moi, de Placebo. Es un grupo de Londres en el que el cantante es bisexual, el bajista es gay y el batería es hetero; y esa canción es en francés: me quedo con este párrafo:

Sommes nous les jouets du destin
Souviens toi des moments divins
Planants, éclatés au matin
Et maintenant nous sommes tout seuls
Perdus les rêves de s’aimer
Le temps où on avait rien fait
Il nous reste toute une vie pour pleurer
Et maintenant nous sommes tout seuls

Entre la compleja sexualidad del grupo, que sean de Londres y que también canten en francés, ¡es como una metáfora de mi vida! Sólo que no me va el título de esta canción, ¡yo soy un chico duro, un solitario!, ¡no necesito que nadie me proteja!

Los ingleses de a pie, bueno, los londinenses de a pie al menos, o como mínimo en su facenta cliente-de-una-tienda-de-ropa, son bastante estúpidos e hijos de puta. En general, que siempre hay excepciones. Pero en su faceta funcionarios están a años-luz del típico funcionario español que cuando vas siempre se ha ido a almorzar y vuelve cuando quedan cinco minutos para cerrar y directamente cierra y tú te jodes a pesar de llevar tres cuartos de hora esperando. Mirad si son majos aquí que incluso ayer el servicio de transportes de Londres me envió un email avisándome del cierre este fin de semana de un tramo de la Central Line por trabajos de mejora, que incluye la parada de Shepherd’s Bush, la más cercana a mi piso y la cual utilizo para ir a trabajar, así que mañana me toca salir con aun más antelación porque tendré que ir en bus… buf, pero bueno, qué majos ellos, ¿no?, igual que la Renfe o el metro de Valencia, ja.

Esta noche es la noche de los Reyes Magos… y yo en Londres… es la primera vez en mi vida que no veo en vivo la cabalga de los Reyes Magos de Ibi… y mira que me gusta, cada 5 de enero por la tarde, desde muchos años siempre enfrente del Cómeme con mis amigos, el niño que hay aún en mí en algún lugar al que aún no han llegado el alcohol y demás se revolvía inquieto y nervioso y expectante y encantado viendo bajar a Melchor, Gaspar y Baltasar y los camiones con los negros (¿salimos de negros el año que viene, chavales?) y haciendo después el tour por casa de mis tíos y acabando en mi casa y abriendo los regalos… :-D Y luego encima de roscón, como estaréis todos ahora mismo (y yo que me voy a acostar casi ya porque hoy he trabajado y mañana trabajo).

¿Qué os han traído los Reyes? A mí nada…

4 04UTC Enero 04UTC 2007

Post realmente variado

Ya estamos en el 2007, hace prácticamente un mes que no escribo en el blog, algunos me visteis durante los escasos cuatro días que pasé en Ibi, con algunos me escribí mensajes o breves (por mi parte) emails navideños, de otros no sé nada y supongo que tampoco saben nada de mí.

Mi hermana y su amiga María vinieron tres días durante el puente de diciembre, lo pasamos bien, aunque yo sólo pude librar uno de esos días, pasamos frío en Londres y patinamos sobre hielo. Aunque en realidad debería decir que ellas patinaros sobre hielo y que yo hice el ganso sobre hielo. Tuve agujetas en partes insospechadas de mi cuerpo durante una semana, y aunque sólo me caí 4 ó 5 veces, fueron de las buenas, y un dolor lacerante se apoderó de mi nalga derecha durante varios días.

Empecé en Zara con un contrato temporal (hasta primeros de diciembre) y de 30 horas a la semana, aunque durante el primer mes y pico, y como nos faltaba gente, estuve trabajando alrededor de 40 horas semanales, al menos alrededor de 40 horas firmadas, porque en realidad siempre hacemos más. En noviembre sí estuve trabajando unas 30 horas a la semana. Y en diciembre, cuando llegó la hora de renovarme el contrato o de decirme adiós, los managers, y gracias a mi buen hacer, me ofrecieron ser fijo y subir mi contrato a 40 horas, a lo que accedí pensando en que así podría llenar mis bolsillos con más billetitos de ésos con la cara de la reina de Inglaterra. También me dijeron, nos dijeron, a mi compañera Elena y a mí, que nos doblarían la comisión a partir de enero. Y ahora que las rebajas ya se están relajando, han empezado a enseñarnos más cosas y a darnos más responsabilidades porque quieron que seamos los siguientes después de los managers en la cadena de mando. Porque no quiero hacer carrera en esta empresa que si no… ¡que se preparara Amancio Ortega!

Sin grandes expectativas sigo mirando otras ofertas laborales en Internet y en periódicos, pero dado que lo busco es trabajo en algún medio de comunicación y que por el momento tendría que ser en castellano (o en francés), mi búsqueda adquiere tintes trágicos, o mejor, trágico-cómicos.

En el piso, aunque sigo sin estar mal, sigo también sin estar bien. Con Kate y su novio (que lleva toda la navidad aquí metido ensuciando como un gorrino y andando descalzo por su propia mierda) apenas tengo relación. Con Jeanne sí tengo muy buen rollo, pero apenas coincidimos porque se levanta antes que yo y cuando yo vuelvo de trabajar ya está acostada o al menos encerrada en su habitación. Ha surgido la posibilidad de buscar casa (casa, no piso) con unos cuantos de mis amigos y compañeros de Zara, y además quieren buscar por Brick Lane o Liverpool Street, casi nada, tontos que son, y la verdad es que sería la hostia vivir en ese plan y por esas zonas con ellos. El único aspecto negativo sería el idioma porque todos seríamos españoles.

El año fiscal en el Reino Unido va del 1 de abril al 31 de marzo, así que en teoría tendría hasta el 31 de marzo para cogerme los 15 días de vacaciones que me corresponden por llevar trabajando desde mediados de septiembre. Me los tengo que coger todos juntos, no puedo pillarme una semana ahora y luego otra. Y repito, en teoría hasta el 31 de marzo, pero en la práctica, y según nuestro manager, nos las tenemos que coger en enero o febrero y prioritariamente en enero, es decir, ya. Y a malas yo podría plantarme y decir, pues no, me las pillo del 17 al 31 de marzo, pero ayer llegó a la tienda una circular de la Head Office otorgando plenos derechos al manager para repartir las vacaciones de los vendedores a su antojo, así que será mejor ir de buenas. Hoy voy a proponer tomármelas desde principios a mediados de febrero, así, además, podría tener libre el fin de semana del 3 por si realmente venís los que decís que vais a venir, y los días de después… no sé. Las opciones que barajo son ir a darme una vuelta por Praga con Carlos (aunque esta opción dependería del precio de los billetes y del alojamiento y de la disponibilidad de Carlos), irme de tranqui unos días a España (esta opción sólo depende del precio de los billetes, doy por hecho que mis padres estarán disponibles y que no me van a cobrar el alojamiento), irme de puntazo de viaje yo solo a algún sitio (ésta depende del dinero de los billetes y del alojamiento y de que se diera en mí uno de esos “momento puntazo” en el que compro el billete de avión por Internet y ya no hay marcha atrás -como el momento que me trajo a Londres este verano-), o que surja a última hora la posibilidad de un viaje a algún sitio con algún amigo (o con alguna amiga o con alguna amiga particular… mmm) de aquí (ésta depende de lo mismo que la anterior más, precisamente, de encontrar a última hora a alguien que le apetezca venirse de viaje a no sé dónde). Si todo fallara, me quedaría de tranqui en Londres y ya está. Me dedicaría a conocer mejor la ciudad y a buscar trabajo como un loco (desnudo y chillando por las calles).

Evidentemente, aquello que decía en el anterior post sobre una chica y tal no era más que un farol. Si alguien realmente creyó que yo me había liado con alguna o que estaba en proyecto, caben dos interpretaciones: o tal persona no me conoce en absoluto o soy un gran escritor y le engañé con mi magnífica y ambigua prosa. Yo, por mi parte, me inclino por la primera interpretación.

No, pero sí es cierto que por aquel entonces llevaba unos días de tonteo con una compañera, con la que al final no pasó nada. De hecho, ni siquiera se celebró la cena de la que yo hablaba en el post.

Lo que sí se celebró, más tarde, fue la fiesta de navidad de Zara en Mash, un sitio muy pijo que está muy cerca de mi tienda, al otro lado de Regent street. E increíblemente yo estuve toda la noche con otra de mis compañeras, pero no con otra de mis compañeras sino con Ella, con la chica que me había gustado desde que entró a trabajar unas semanas después que yo y que, al menos a mí, me parece realmente preciosa y que, al menos yo, consideraba totalmente inalcanzable. E increíblemente (de hecho yo no me lo creía y entre el alcohol, la oscuridad, el ruido, yo pensaba que estaba en un sueño y que en cualquier momento me acabaría despertando) estuvimos toda la noche juntos. Pero, como siempre, tampoco acabó pasando nada (al menos me quedo con la cara que puso un amigo mío del hostel que trabaja en otro Zara cuando me vio con ella). El capítulo siguiente fue yo diciéndole en la tienda que si quería quedar conmigo algún día para tomar un café o algo y ella diciéndome que sí. Pero no quedamos y yo me fui a España. Desde que he vuelto y antes de Nochevieja apenas la vi por la tienda porque ella trabaja arriba y yo abajo y ellas acaban siempre antes y cuando nosotros salimos ellas ya no están. Sólo podemos encontrarnos en el almacén, pero en rebajas casi no entramos en el almacén porque sólo chequeamos tallas de la nueva colección. Pero se suponía que nos veríamos en la fiesta de Nochevieja en la que iba a pinchar Francesco, otro de mis compañeros, en un club de Whitechapel. Sin embargo, cuando yo llegué sobre las 3, ella no estaba allí.

Ayer nos vimos por primera vez desde antes de Nochevieja. Estuvimos un ratillo hablando porque aunque ella estaba trabajando yo volvía de un break y aún me quedaban unos minutos. Me preguntó que dónde había estado yo en Nochevieja, le dije que había ido a la fiesta de Francesco y ella me dijo que ella también pero que se había ido más o menos pronto, le dije que qué lástima y que me habría gustado verla allí y ella me dijo que a ella también a mí y que ahora se arrepentía de haberse ido tan pronto… Y poco después me la robó una clienta (maldita sea toda su estirpe) y yo me tuve que ir. Luego sólo nos vimos un momento en el almacén rodeados de más gente y sólo nos quedamos mirándonos sonriendo.

Y si después de esta historia alguien cree que va a pasar algo entre ella y yo, de nuevo caben dos posibilidades: o esa persona apenas me conoce o de nuevo se ha dejado engañar por la magia que emana de mis palabras. Conociéndome y sabiendo cómo siempre se conjuran en mi contra las más inusitadas circunstancias, es seguro que nada acabará pasando entre ella y yo.

En fin.

El 29 y 30 de diciembre vinieron, con sus chicos, mis primas Natalia y Sonia y mi hermana, para una visita relámpago a Londres y para pasar aquí la Nochevieja. Esta vez no me pude escaquear ni un solo momento y trabajé todos los días excepto el 1 de enero (y gracias, porque en principio estaba previsto que abriéramos y a mí me habría tocado trabajar, ag), por lo que apenas pude acompañarles en su periplo por Londres. Pero el poco tiempo que estuve con ellos estuvo muy bien. Cuales Reyes Magos ibenses, vinieron cargadicos, aunque de ibéricos, queso manchego, aceite, vino y champagne (del de verdad), así que nos pusimos morados (en todos los sentidos) durante las cenas. La cena de Nochevieja fue una gracia, estuvimos de puta madre, nos hinchamos a jamón, chorizo, queso y demás, brindamos a las 11 de aquí porque ya era medianoche en España, nos tomamos las uvas en la medianoche de aquí (aunque al final nos conformamos con ver el Big Ben por la tele), y le dimos bien a un par de botellas de Captain Morgan, un ron super chungo (y aun así super caro) que encontramos en las tiendas chungas de al lado de mi piso. Tan a gusto estábamos que al final salimos del piso muy tarde y llegamos a la fiesta de Francesco cerca de las 3…